Los jóvenes de la iglesia catedral de Santa Florentina misionan en barrios de Pilar
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La Madre de Dios nos introduce en el Año 2012 |
Hermanos, hermanas, en esta solemnidad de María Madre de Dios y
a la vez flamante comienzo de un Nuevo Año en medio de nuestros
transcurrientes tiempos, auguro, deseo, felicidad y paz para
todos ustedes, sus queridas familias, las parroquias y
comunidades todas. Nos dé Dios un Año Nuevo signado por el Amor
de Cristo, por la esperanza que no defrauda, y por la fe. Ese
Amor lo auguro también y sinceramente para quienes no comparten
nuestra fe, no nos conocen, o tal vez no nos quieren tanto.
Los cristianos, renovémonos en la Gracia. Acojamos cada día de
nuevo el don de la regocijante fe, como la de María Santísima,
que fue proclamada bienaventurada por su prima Isabel, “por
haber creído en el cumplimientode lo que el Señor le ha dicho”
(Lc 1,45). Y que a nosotros, creyentes, se aplique la
bienaventuranza proferida por Jesús, siendo bienaventurados,
por creer “aún sin haber visto” (Cf Jn 20,19), incluso en medio
de pruebas y dificultades, que no nos van a faltar, pero que no
nos vencerán, con la ayuda divina.
Que nuestra comunidad diocesana, se convierta cada vez más en
semejante imagen de la primera comunidad de los creyentes, la
cual, unida a María la Madre de Dios, no tuvo necesidad de ver
“físicamente” para creer en el Poder del Resucitado (Cf Jn
4,48), porque ese Poder obraba en ellos.
Crezca en nuestro interior la visión espiritual del moviente y
confortante signo, que lo es a la vez de María y de la Iglesia:
“Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer revestida de
sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de
doce estrellas” (Ap 12,1). Es el “Signum Magnum” que proseguirá
a reflorecer, incluso sin verse ostensible, en nuestro mundo de
hoy, aunque quizá no sin algo de dolor; sólo Dios sabe cómo,
nosotros vivamos en el realismo de la esperanza.
Y que dicho signo, profundamente enraizado en nuestro espíritu,
lejos de quedar fijado en una intimista impresión, nos mueva a
trabajar por la Paz de Dios, y la solidaridad realizada y
transformadora de nuestros ambientes de vida, en esta Jornada
Mundial de la Paz a que nos invita el Papa Benedicto XVI.
En nuestra diócesis iniciamos el año con las celebraciones y
con las “Misiones juveniles”, que se sucederán durante todo el
verano. Los jóvenes creyentes nos ayudan a rejuvenecer. Quiera
Dios hacernos rejuvenecer día a día en el Espíritu, y también,
cada día, “nacer de nuevo”. Les pido también recordemos en la
oración el día 1ro. de enero a nuestro primer Obispo, Mons.
Alfredo Esposito Castro, quien hace exactamente dos años partió
a la Casa del Padre.
¡Feliz y sereno 2012!. Con un corazón que los abrazo a todos y
todas, en el Señor de todos, implorando protección de la Virgen
Madre.
+Oscar Sarlinga
17 de diciembre de 2011
Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosas, hermanos
y hermanas:
Estamos aquí hoy, en este cuarto domingo de Adviento, tiempo de
gozosa espera y de penitencia en la esperanza, para inaugurar el
centro misional de “Santa Teresita del Niño Jesús” y capilla del
Beato Ceferino Namuncurá, “el príncipe de las Pampas” como ha
dado en llamársele. Nos mueve la perspectiva de la misión
evangélica con fe y en la esperanza del Reino, del cual todos
somos heraldos y testigos; la presencia del Obispo y de los
sacerdotes, y de todos ustedes, en esta nueva iglesia, manifiesta
la misión de anunciar el Evangelio de la gracia y la verdad (Cf
Jn. 1, 14), llevar el mensaje de salvación al mundo, anunciar la
necesidad de la penitencia y de la redención, invitar a todos a
la esperanza, y, con la gracia de Cristo, exhortarnos unos a
otros a no sucumbir a los “ídolos” siempre renacientes;
convertirnos, en fin, a Cristo Salvador, cuya Buena Noticia de
salvación (Cf Mc. 1) estamos llamados a transmitir con plenitud
de ánimo, de fortaleza que viene de Dios (Cf Hech 6, 8), a los
hombres y mujeres de nuestro tiempo, también aquí, en este
popular y creciente barrio de “Los Tilos”, a la vera del arroyo
Pinazo, inserto en una realidad social concreta, humilde, sí, y
llena de la dignidad propia de quienes la habitan porque son
hijos de Dios y quieren un legítimo desarrollo integral. Estas
zonas barriales tienen muchas potencialidades, nuestra gente
requiere que se despierte ese Amor a Cristo en sus corazones, y
que ese cristianismo, ese catolicismo se haga vida concreta,
expresión de la fe, ese “credere in Deum” del que hablaba San
Agustín.
Como Pastor de ustedes, como Obispo, les pido que pongamos la
disposición de nuestro espíritu para una dedicación total al amor
de Cristo (Cf Mt 12,29) el cual manifiesta con su Luz (que
veremos litúrgicamente naciente en Navidad) la exigencia
misionera esencial propia de todo bautizado, y en especial
(aunque no exclusivamente) propia de los sacerdotes, que han sido
consagrados en una disponibilidad total por el Reino de Dios. Les
pido que dispongamos nuestro corazón a perdonar, y a ser
perdonados, y en especial en este tiempo de Adviento, de
preparación a la Navidad, de acercarnos al sacramento de la
reconciliación, que nos sana y nos libera del pecado, y de tal
modo nos dispone a liberarnos también de las consecuencias del
pecado, en el orden personal y social.
Hablábamos de vida cristiana y de consecuencias de nuestra fe, el
“credere in Deum”. Nuestro Papa Benedicto XVI ha anunciado en su
carta apostólica “Porta fidei” que proclamará el año 2012, como
“Año de la Fe”. Lo ha hecho siguiendo el camino de Pablo VI
(quien proclamó “Año de la Fe” al 1967, y nos legó el “Credo del
Pueblo de Dios, en 1968) y de Juan Pablo II, quien trazó los
surcos de la nueva evangelización, en los países católicos en los
cuales tantos se han alejado de la Iglesia, de la fe, del Amor de
Cristo, y también en aquellos lugares donde es necesaria una
“misión ad gentes”. Este próximo “Año de la Fe” tendrá
lugar a partir del 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario
de la apertura del Concilio Vaticano II, hasta el 24 de noviembre
del 2013, en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.
Tengámoslo presente para asumir todo el sentido de la fe, como
“adhesión de toda nuestra inteligencia y nuestro corazón” pero
adhesión a un “tesoro”, el contenido de la fe que la Iglesia nos
propone para creer, y que nos ha revelado Jesucristo, plenitud Él
mismo de la Revelación. Esto significará también para nosotros un
desafío. Sí, es para nosotros un desafío a asumir, cada uno según
su vocación y elección, como dice San Pablo, cada uno según su
llamado y sus reales posibilidades, sus talentos, sus dones y su
puesta a disposición a la llamada divina.
El patronazgo de Santa Teresita del Niño Jesús, co-patrona de las
Misiones, nos dice mucho, y además este lugar de culto, que ahora
se ha podido finalizar, tiene mucho que narrar acerca de la
protección de esta santa sobre estos lares, sobre esta gente
nuestra que aquí vive, que aquí, como familias, y como familia de
Dios (que es la Iglesia) dan testimonio de ser cristianos.
El Beato Ceferino Namuncurá beatificado el último domingo de
noviembre de 2007 por el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone, en nombre
del Papa, en Chimpay, localidad de la Patagonia argentina, era
hijo del cacique araucano Manuel Namuncurá, llamado por su mismo
pueblo el “Rey de las Pampas”. Él también nos toma bajo su
protección, porque lo que quería era que su padre lo llevara a
Buenos Aires para estudiar y así «ser útil más tarde a su
pueblo». Ceferino no se encontró a gusto en un centro de estudios
estatal y fue su padre mismo quien lo hizo pasar al colegio
salesiano “Pío IX”, existente hasta hoy, gracias a la
intervención de Mons. Cagliero, evangelizador también de la
Patagonia y luego Cardenal. La gracia transformó su corazón, cada
vez más. Quería ser sacerdote, era el secreto de su corazón. Lo
expresó ya siendo aspirante salesiano, ¡quería ser sacerdote! Y
su vida misma era como un manifiesto mismo del Evangelio, al
punto que fue recibido en audiencia por el Papa San Pío X, quien
lo miró con sus ojos llenos de dulzura (que lo caracterizaban),
lo escuchó con cariño, con interés por su camino de fe y con
esperanza, y como corolario le regaló al final la medalla «ad
principes», reservada a los príncipes, ratificándolo así como “el
príncipe de las Pampas”. El Señor tenía para Ceferino planes
mayores, y lo llevó consigo antes de ser sacerdote en esta
tierra, para que fuera intercesor, para que muy junto a Él, al
Corazón de Jesús y a la Virgen, nos acompañara desde el Cielo, y
que con sus ojos también llenos de ternura y compasión nos mirara
y nos diera su amistad desde muy junto a Dios. Contamos hoy aquí
con una reliquia insigne suya, para que en este templo permanezca
y sea como un signo visible de su presencia.
Siempre he pensado que es propio de bien nacido el ser
agradecido. Gracias a todos, por ello, gracias a quienes han
hecho posible que con la Gracia de Dios se forme esta comunidad
católica, gracias a quienes han hecho una realidad concreta este
ansiado templo, estos salones pastorales, estas instalaciones.
Los lugares de culto precedentes, ustedes lo saben, pasaron por
muchas vicisitudes, incluso la destrucción debida primero a un
incendio, y luego a un tornado, con materiales lábiles como
estaba hecho. Sabemos también que en los dos casos quedó intacta
la imagen de Santa Teresita del Niño Jesús, cuando alrededor todo
fue destruido: algún mensaje ha querido darnos en cuanto a la
asunción de la misión, de la misionariedad, de la dimensión
misionera de la pastoral. Gracias a todos y a cada uno,
catequistas, colaboradores, colaboradoras, a quienes entregaron
“la ofrenda de la viuda” del Evangelio, y a quien cumplió un voto
hecho a Ceferino, el Sr. Krummel, aquí presente. Gracias también
al pastor de esta comunidad parroquial de San Manuel Mártir, de
La Lonja, el Padre Albino Cabral, y a todos quienes entregan
mucho de su vida por la evangelización, a tantos jóvenes, muchos
hoy aquí presentes, y a todos aquellos a quien Jesús, “cuyos ojos
son mil veces más brillantes que el Sol”, bien ve cuánto han
puesto de sí, de la oración y del trabajo apostólico. Damos
gracias a Dios por cómo creció la parroquia como “comunidad de
comunidades”, como la llamara el documento de Puebla, en especial
en Liturgia, la catequesis, la Caritas, la pastoral vocacional y
los distintos grupos apostólicos. Gracias también a los
seminaristas, que han hecho más feliz, evangélico y luminoso el
año pastoral; yo sé que han dado un buen ejemplo y que han
asumido su misión con espíritu de fe, con dedicación y alegría, y
que les han hecho mucho bien a tantos y tantos fieles que
entraron en contacto con ustedes.
Hoy ponemos en las manos de la Virgen María, Madre de Dios y
Madre de la Iglesia, Madre de Ternura, llamada la Estrella de la
Evangelización, de Santa Teresita del Niño Jesús y del Beato
Ceferino Namuncurá, este centro misional y esta capilla, que es
una iglesia dedicada a Dios, para el Pueblo de Dios.
Ponemos en el corazón de Cristo a nuestro pueblo, a las familias,
para que tengamos paz, pan, trabajo, armonía, protección del
Cielo, y para que crezcan y se acrecienten las vocaciones a la
vida cristiana, la vocación a la santidad del matrimonio y en
especial las vocaciones sacerdotales y religiosas, que ya han
empezado a surgir, en este lugar de bendición. La bendición del
Señor está descendiendo sobre nosotros, que sea como un renovado
Pentecostés, en esta Eucaristía y siempre, unidos en el Amor.
Recemos siempre los unos por los otros y no dejemos de invocar
siempre al Espíritu Santo, el de Consuelo, el “Paraklétos”,
nuestro Defensor, el que nos colma con sus dones y nos atrae
suavemente a vivir la filiación divina.
Campana, 8 de diciembre de 2011
La diócesis de Zárate-Campana está bajo el patronazgo de la Inmaculada, siendo la imagen de Nuestra Señora de Luján (título patronal de la diócesis), una "humilde imagen de la Pura y Limpia Concepción" que quiso quedarse (…) para manifestar su maternal protección sobre el pueblo argentino” como reza el prefacio de su misa ritual. Por la tarde, ya antes de las 19 había una gran congregación de gente junto a la plaza Eduardo Costa.
Las campanas del carillón de Santa Florentina anunciaban la buena nueva y convocaban a la procesión, de la que participaron todos los niños que hicieron su “segunda comunión solemne” y consagración a la Virgen, de distintos colegios de la ciudad, entre los cuales principalmente el Santo Tomás de Aquino, el Padre Aníbal María di Francia y el San Roque. Todos fueron acompañados por sus padres, familiares, amigos. Participaron las autoridades municipales, entre las cuales la Sra. Intendente, Doña Stella Maris Giroldi, y la manifestación de fe y devoción fue presidida por el Obispo Mons. Sarlinga, acompañado por el vicario general, Mons. Edgardo Galuppo, los párrocos de la ciudad, Pbro. Hugo Lovatto, R.P. Giovanni Guarino, P. Joaquín Ocampo, dj. Mons. Marcelo Monteagudo, delegado para las misiones, el Pbro. Pablo Iriarte y el Pbro. Lucas Martínez. El coro de jóvenes de la iglesia catedral alegró en todo momento la procesión, ritmada por meditaciones en las esquinas de la amplia y renovada plaza de la ciudad, que abarca cuatro manzanas.
Todas las parroquias del centro
de la ciudad colaboraron con la organización del
acontecimiento, y el Obispo y el clero se ubicaron en el atrio
del complejo catedralicio, así como las autoridades. Con el
Obispo concelebraron los sacerdotes mencionados y estuvieron
también presentes el diácono Dib y los candidatos al diaconado
permanente, acólitos Bruno y Pandiani, así como seminaristas
del Seminario “San Pedro y San Pablo”. El Obispo Mons. Sarlinga
se refirió al misterio de la Inmaculada Concepción, a su misión
de darnos al Salvador del Mundo, a la inmensa alegría de vivir
ya en la certeza de la eternidad bienaventurada que el Señor
nos tiene preparada y a la necesidad de colaborar en esta
tierra, con la preeminencia de la Gracia divina, la
civilización del Amor, un humanismo cristiano integral y
solidario, signado por la presencia de la Virgen. Aludió a la
colaboración en la sociedad civil según el principio de la
Gaudium et spes, “mutua autonomía y sana colaboración” y
asimismo exhortó a profundizar en los discursos de Benedicto
XVI acerca de la “sana laicidad”. Luego citó a la carta
apostólica “Signum Magnum” de Pablo VI, del año 1967, donde
pone a la vez como imagen de “María” y de “la Iglesia” a “la
Mujer revestida de Sol, con la luna bajo sus pies” del Ap.
12.1ss y dijo que “esa Mujer revestida de Sol” es la imagen de
la humanidad renovada por la Gracia, y en un sentido “toda la
humanidad en la medida en que está “llamada” a ser la Iglesia.
Exhortó a profundizar en la Sagrada Escritura, y a los niños
les dijo que se aferraran muy fuerte a la Palabra de Dios, a la
eucaristía y a la devoción a la Virgen, todo ello alimentado
por la oración, a comenzar por el Padrenuestro, que es la
oración que Jesús nos enseñó”.
Al término de la celebración
eucarística, el Obispo, la Sra. Intendenta y las autoridades se
desplazaron hacia la plaza E. Costa, acompañados de gran
cantidad de gente que se había congregado, para la bendición
del gran árbol de Navidad emplazado y que al término de la
bendición, realizada por el obispo, fue enteramente iluminado.
Siguió un espectáculo de cantos de tenores (a comenzar por el
Ave María) en la explanada del palacio municipal, y luego la
congregación de numerosísimos niños en torno del personaje de
“Papá Noel”, en preparación a la cercana Navidad. El cololario
de celebración cívica en el día de la Inmaculada Concepción fue
un digno broche de oro en honor de nuestra Madre la Virgen
María.
Dióc. Zárate-Campana
El domingo 27 de noviembre se celebró por la mañana la
festividad de la Medalla Milagrosa, con la iglesia repleta de
fieles, entre los cuales muchas familias y niños. Concurrió a
las celebraciones el Obispo diocesano Mons. Oscar Sarlinga,
quien, previa procesión realizada por la comunidad católica
presente, presidió la eucaristía de las 10.30, acompañado por
el Rev. Padre visitador provincial, Juan Carlos Gatti, el
vicario general, Mons. Edgardo Galuppo, y los Padres José Luis
Defina y Carlos Javier González, de la Congregación de la
Misión. La Casa religiosa de la Congregación, de presencia muy
antigua en la actual diócesis de Zárate-Campana, se encuentra
en Belén de Escobar, en calle Los Lazaristas 893, en predio del
gran colegio “San Vicente de Paúl” y el espacioso templo, de
hechura moderna de los años ’70, al lado del colegio. El templo
cuenta con una hermosa imagen de la Virgen en la advocación de
la Medalla Milagrosa hecha en azulejos. La novena preparatoria,
desde el viernes 18 hasta el sábado 26, comprendió rosario de
la aurora, rezo del Santo Rosario y Santa Misa, cada uno de los
días, y el sábado 26 se tuvo a las 18 la adoración y bendición
con el Santísimo, luego el Santo Rosario, y luego de este la
comunidad presente participó del espectáculo del cantautor
Fernando Moser, con los temas de su último CD “Queremos
alabarte”.
El obispo comenzó su homilía introduciendo el tiempo de
Adviento, “advenimiento o llegada de Jesucristo a nuestras
vidas, en un tiempo litúrgico que expresa la gracia viviente
que el Espíritu Santo confiere” –dijo- y explicó el sentido de
“estar prevenidos”, del Evangelio del día. Luego hizo mención a
la pena en el corazón por la ausencia del P. Rafael Carli,
quien partiera a la Casa del Padre el viernes 25, pero a la vez
mencionó que, ante la partida de un sacerdote tan querido, no
vio en el rostro de ningún fiel amargura o desolación, sino
esperanza, alegría y fe en la vida eterna. Dijo el Obispo que
el P. Carli murió mientras estaba rezando el rosario, y que era
un sacerdote para quien, con espíritu de fe, “podríamos decir,
creía cordial y produndamente en Cristo y la Iglesia, pues no
hay Iglesia sin Cristo y tampoco hay Cristo sin Iglesia, que es
su Cuerpo Místico y su Pueblo en camino a la Pascua Eterna, y
esto con la devoción que lo distinguía a la Santísima Virgen,
que es Madre de Dios y Madre de la Iglesia”. Luego de hacer una
serie de consideraciones sobre los frutos de la vida
espiritual, a raíz de la imitación de Cristo en nuestra vida, y
de hablar de los frutos del Espíritu Santo en nuestras familias
y en nuestras comunidades, pidió en el adviento pusiéramos todo
nuestro ser para derribar barreras de enemistad, para perdonar,
para dejarnos hacer creaturas nuevas en el Señor, y que
ofreciéramos en la intención de la misa a todos nuestros fieles
difuntos, nuestras buenas intenciones y proyectos y todas
nuestras necesidades y acciones de gracias. Explicó brevemente
a continuación Mons. Sarlinga lo esencial del mensaje que la
Virgen transmitió a Santa Catalina Labouré (“bastante poco
conocido y poco leído”, dijo), y mencionó que de los cinco
puntos principales que podrían resumirse, cuatro se han
cumplido y uno no se ha manifestado con tanta evidencia
todavía, al menos en plenitud, pero reafirmó también que la
oración, el ofrecimiento, la penitencia, la conversión, la
alegría testimoniada, el amor ferviente a Jesús, puede iluminar
la vida y la historia de los seres humanos, venciendo la
oscuridad que tantas veces se cierne, cambiando incluso el
curso de la historia si de verdad nos convertimos a Dios, y que
lo que nos transmite sobre todo la Virgen es esa necesidad de
acercarnos al Señor y a su Amor, pues Ella es Esposa del
Espíritu Santo, la creatura más excelsa donde el Espíritu mora
con mayor plenitud, así como también toda la palabra de María,
que significa toda su profecía, que se ve como concentrada en
el “Magnificat”, y esta palabra es para nuestra salvación, y
que en este sentido los cristianos tenemos que ponernos más a
disposición para ser “luz y sal” para el mundo, a comenzar por
la fe, la esperanza y la caridad, y esta última también en su
dimensión social de la solidaridad, la realización del
Evangelio del Amor.
Éste articulo puede leerse también en: http://padrenuestro.net/

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